Tomar decisiones sin ruido: el filtro de las 3 preguntas

Hay decisiones que parecen pequeñas pero ocupan demasiado espacio en la cabeza: aceptar un proyecto, decir que no a una reunión, corregir a tus hijas, publicar algo o callarlo, apostar por una idea o dejarla reposar.
Lo curioso es que no suelen fallar por falta de información. Falla el ruido que llevamos encima: prisas, expectativas, impulsos, la necesidad de quedar bien o la presión de “no perder el tren”.
Un día me encontré repitiendo el mismo gesto que hago en el coche cuando hay demasiada conversación y quiero escuchar la música: bajo un poco el volumen. No lo apago, solo dejo espacio para que vuelva a sonar lo importante.
Ese gesto terminó convirtiéndose en un pequeño sistema mental para tomar decisiones con más calma y criterio. Lo comparto por si te sirve.
El filtro de las 3 preguntas
Es sencillo, casi demasiado sencillo. Pero funciona porque no intenta predecir el futuro ni maximizar nada. Solo ordena ruido.
1) ¿Esto va conmigo?
La primera pregunta es identitaria, no táctica.
- ¿Encaja con cómo quiero trabajar?
- ¿Respeta mis valores y mis límites?
- ¿Es coherente con el tipo de persona o profesional que estoy intentando ser?
Si la respuesta es no, casi siempre es un no automático.
En Mindset Digital lo aplico constantemente: no todo lo que podemos hacer deberíamos hacerlo. Y en casa, igual: no todas las batallas merecen discusión.
2) ¿Qué precio tendría decir que sí?
No hablo del precio económico, sino del invisible:
- tiempo que no podrás dedicar a otra cosa,
- energía que te quitará cuando estés cansado,
- modo mental que te exigirá mantener.
Casi siempre medimos el coste de actuar, pero olvidamos el coste de sostener lo que decidimos.
La experiencia (y los errores) me han enseñado que muchas malas decisiones no lo eran en el momento… sino un mes después, cuando ya no podía sostenerlas.
3) ¿Qué pasa si espero un día?
El 80% de las decisiones urgentes no lo son. El 20% restante mejora si le das aire.
Esperar un día no es procrastinar; es permitir que la emoción inicial se asiente.
En casa lo noto muchísimo: lo que iba a ser un discurso de 5 minutos por un detalle mínimo, al día siguiente ya no tiene sentido. Y en el trabajo, igual: una respuesta rápida puede quedar bien, pero una respuesta pensada construye más confianza.
Por qué funciona este filtro
No promete precisión quirúrgica. No es un canvas ni un framework. Pero te devuelve tres cosas que se pierden con facilidad:
- coherencia (la decisión encaja contigo),
- realismo (ves el coste completo),
- aire (no decides desde el impulso).
Decidir con criterio no es acertar siempre. Es acertar más veces de las que fallas… y fallar en cosas que puedes asumir.
Ajuste fino
El objetivo no es decidir perfecto, sino decidir con menos ruido.
Cuando te escuchas un poco más y corres un poco menos, las decisiones dejan de ser un examen y se convierten en un movimiento natural.
No solucionas la complejidad del mundo, pero ajustas la tuya.
Y ahí —en esa pequeña mejora— suele estar la diferencia.
