El viaje en coche después del partido

No todo lo importante ocurre durante el partido.
A veces, lo que más marca sucede después.
En el trayecto de vuelta.
Cuando baja la adrenalina.
Cuando el ruido se apaga.
Cuando ya no hay público.
El coche se convierte entonces en un espacio peculiar.
Cerrado.
Compartido.
Sin escapatoria.
El silencio también juega
Existe una tentación casi automática:
llenar ese espacio.
Analizar.
Corregir.
Explicar.
Repetir lo que ya se ha visto desde la grada.
Pero no siempre hace falta decir algo.
A veces, lo más valioso es dejar que el silencio haga su trabajo.
El silencio permite que la experiencia se asiente.
Que la emoción se ordene.
Que la persona procese lo vivido a su ritmo.
Qué decir… y qué no
No se trata de no hablar nunca.
Se trata de elegir bien el momento y el contenido.
Algunas frases suelen ayudar:
- “¿Cómo te has sentido?”
- “¿Qué ha sido lo mejor de hoy?”
- “Si quieres, luego lo comentamos.”
Otras, aunque bienintencionadas, suelen sobrar:
- “Tenías que haber…”
- “Yo desde fuera he visto que…”
- “Es que siempre haces lo mismo.”
No porque sean falsas.
Sino porque no es el momento.
Acompañar no es dirigir
El viaje de vuelta no es una charla técnica.
Ni una evaluación.
Es un espacio de acompañamiento.
Acompañar implica:
- Escuchar más de lo que se habla.
- Validar emociones antes que resultados.
- Respetar el proceso.
Dirigir, en cambio, suele nacer de la prisa.
De la incomodidad con el error.
O del deseo de proteger… invadiendo.
La diferencia se nota.
Y se recuerda.
El aprendizaje no siempre es inmediato
No todo aprendizaje ocurre en caliente.
Ni necesita palabras.
A veces aparece horas después.
O al día siguiente.
O en el siguiente entrenamiento.
Forzarlo en el coche suele tener el efecto contrario:
cerrar en lugar de abrir.
El acompañamiento paciente deja espacio a que la reflexión emerja sola.
El adulto también aprende
Este trayecto no es solo formativo para quien ha jugado.
También lo es para quien acompaña.
Aprender a callar.
A esperar.
A confiar.
No es fácil.
Pero es parte del rol.
Volver a casa
El coche sigue avanzando.
La ciudad reaparece.
La vida continúa.
Puede que no se haya dicho gran cosa.
Y, aun así, algo importante ha pasado.
Porque acompañar bien no siempre deja huella visible.
Pero casi siempre deja recuerdo.
Y eso, a largo plazo, es lo que de verdad importa.
