Escribir con IA sin que escriba por mí

Escribir con IA sin que escriba por mí

2 de noviembre de 2026 · 6 min de lectura
post Máquina de escribir Olivetti Lettera 32 verde sobre un tablero de ajedrez

En el salón de casa, junto a la tele, hay una Olivetti Lettera 32 apoyada sobre un tablero de ajedrez.

Con ella escribí algunos trabajos del instituto, en una época en la que documentarse quería decir ir a la biblioteca.

Hoy escribo este blog con ayuda de la inteligencia artificial.

Me parece honesto contarlo. Y me parece igual de importante explicar cómo, porque hay una diferencia que intento cuidar mucho: escribir con IA no es lo mismo que dejar que la IA escriba por mí.

Mucho antes de la IA, ya escribía

Si repaso, he escrito bastante. Casi siempre a mano.

El diario que te regalaban por la primera comunión.

Historias que dejábamos a medias mi prima Iris y yo cuando éramos pequeños.

Redacciones y poemas con los que gané más de un concurso de Sant Jordi en el colegio. Y alguna dedicatoria en mis primeros intentos de ligar, de la que prefiero no dar más detalles.

Comentarios de texto de filosofía. Apuntes bien ordenados en el instituto, que circularon bastante por la fotocopiadora. En la universidad, el que fotocopiaba era yo, para qué negarlo.

Dedicatorias en las fotos de las orlas. Unas pocas cartas con amigos de los veranos en Beseit, enviadas a ciudades con códigos postales lejanos.

Y libretas. Muchas libretas, en cada trabajo, como empleado y como emprendedor: notas de reuniones, ideas, listas, flechas que solo entiendo yo.

Luego llegó lo digital: letras e ideas de canciones repartidas entre el ordenador, la tableta y el móvil. Un libro de preguntas para que mi padre nos cuente la historia de su vida. El esquema, los personajes, el argumento y varios pasajes de una novela que empecé hace años y que se titula 1/3 del viaje.

Y, sobre todo, correos y especificaciones. Para equipos de desarrollo de todos los tamaños y, en los últimos cuatro años, para modelos de lenguaje: instrucciones, variaciones de prompts, pruebas, ajustes, otra vuelta.

No lo cuento para presumir. Lo cuento porque escribir siempre ha sido mi manera de ordenar lo que pienso. La frase que mejor resume este blog la tengo bastante clara: escribo para entender, no para impresionar.

Y entender es justo lo que no quiero delegar.

Lo que intento que sea siempre mío

Cuando escribo un post, hay cinco cosas que procuro que salgan de mí y de nadie más.

La idea

Un modelo puede proponerme cien temas en diez segundos. Lo que no puede decirme es cuál me importa ahora, ni por qué. La idea es la razón de que un texto exista, y esa razón tiene que ser mía.

La estructura

El orden en el que cuento las cosas también es una decisión. Por dónde empiezo, qué dejo para el final, qué explico y qué dejo que el lector intuya.

El tono

Cómo suena el texto. Si tiene humor o si se permite una duda. Es lo primero que se pierde cuando el texto lo escribe otro, y probablemente lo primero que notaría quien me conoce.

Lo vivido

Las anécdotas, los recuerdos y las citas.

Aquí está el riesgo más serio: una IA puede inventar una anécdota creíble en un segundo, con detalles y hasta con moraleja. Por eso en este blog hay una regla que no se negocia: ninguna experiencia inventada.

En el post anterior, Aprender a perder sin romperse, el partido contra la Penya en el que marcamos dos puntos y aquella media parte con el júnior los recordé y los conté yo. La IA me ayudó a ordenarlos. Ni uno de esos detalles salió de ella.

La revisión final

Lo que se publica lo reviso y lo firmo yo. Si algo no me representa, no sale.

Lo que sí hago con IA

No tengo ningún problema en contarlo. La uso para:

  • Convertir mis notas, recuerdos y esquemas en un primer borrador que después reviso y reescribo.
  • Comprobar si ya he escrito algo parecido, para no repetirme.
  • Traducir los posts al catalán y al inglés, con revisión.
  • Contrastar datos y fuentes antes de citarlos.
  • La parte técnica: el formato, las etiquetas, las imágenes y la publicación.
  • Preparar las versiones para redes sociales.

Es como trabajar con alguien rapidísimo y con muy buena memoria, al que hay que explicarle muy bien lo que quieres y revisarle todo lo que entrega.

Dicho así, se parece bastante a lo que llevo años haciendo con equipos de desarrollo. Escribir unas buenas instrucciones para una máquina también es escribir. Ya lo contaba al hablar de la importancia de saber explicar bien: un texto claro es una interfaz.

Las huellas que deja la IA

Hay un problema que conozco bien por mi trabajo: los textos generados dejan huellas.

Tantas que Wikipedia tiene una página entera, y no precisamente pequeña, dedicada a ellas: Signs of AI writing. La mantienen los propios editores para detectar artículos generados, y recoge giros grandilocuentes como «stands as a testament» o «plays a vital role», enumeraciones de tres en tres y otros patrones que se repiten una y otra vez.

En español tienen sus equivalentes, y algunos los reconozco enseguida:

«Juega un papel clave».
«En un mundo cada vez más…».
«No es solo X, es Y».
«Cabe destacar que…».

Y no me libro. Hace poco me di cuenta de que en este blog se repetía demasiado una coletilla: «con los años». Justo desde que escribo con ayuda de la IA. (Y tampoco soy tan mayor.)

En mi oficio, reducir esas huellas forma parte del trabajo. Hay que humanizar el resultado tanto como se pueda.

Ahora bien, seamos justos: las personas también tenemos muletillas, al escribir y al hablar. Las mías existían mucho antes de cualquier modelo de lenguaje. Tener muletillas es humano; lo que me preocupa es que el texto acabe sonando a todos y a nadie.

Pilotar, aunque sea regular

Si tuviera que resumir cómo trabajo con la IA, diría que intento pilotarla. Con mi criterio, mis instrucciones y mi supervisión.

Unas veces lo hago mejor y otras peor.

Pero quien decide adónde vamos sigo siendo yo. Es la misma idea que defendía en El error de delegar criterio en la IA: el riesgo de verdad no es que la IA se equivoque, sino dejar de pensar.

Lo que ninguna IA va a escribir por mí

Hay dos textos pendientes que me lo recuerdan.

Uno es 1/3 del viaje. A este paso, acabaré titulándolo 1/2 del viaje. Si algún día lo termino, quiero que sea porque lo he escrito yo.

El otro es el libro de preguntas para que mi padre nos cuente la historia de su vida. Todavía tengo pendiente regalárselo. Y eso tampoco lo puede hacer ninguna IA.

Quizá este post sirva para recordármelo.

Preguntas frecuentes sobre escribir con IA

¿Hay que avisar cuando un texto se ha escrito con ayuda de la IA?

En un blog personal no hay una regla única. Yo prefiero decirlo, porque la confianza del lector vale más que la apariencia de haberlo hecho todo solo. En medios, empresas o textos informativos conviene revisar las normas y políticas que se apliquen en cada caso.

¿Sirven los detectores de textos escritos con IA?

Poco. Se equivocan en las dos direcciones: marcan como artificiales textos escritos por personas y dejan pasar otros generados. La propia guía de Wikipedia sobre señales de escritura con IA desaconseja fiarse de los detectores automáticos. Funciona mejor leer con atención y preguntarse si el texto dice algo concreto que solo podría haber escrito su autor.

¿Escribir con IA te hace peor escritor?

Depende de lo que delegues. Si delegas pensar, ordenar tus ideas o decidir qué quieres contar, ese músculo se debilita. Si la usas para contrastar, traducir o revisar, puede ayudarte a escribir más y con menos errores. Por eso sigo tomando notas a mano en libretas.

¿Son fiables las traducciones hechas con IA?

Son un buen punto de partida, pero necesitan la revisión de alguien que conozca bien la lengua de destino. Los matices de significado (en inglés, «criterio» puede ser judgement y no criterion), la normativa (en catalán, por ejemplo, la reforma de los acentos diacríticos del IEC de 2016) y el registro son justo lo que más se escapa.

Albert López
Autor
SEO, Content Marketing & LLMs (IA) Advisor
Desde 1998 vivo en la intersección entre tecnología, contenidos y búsqueda. He sido diseñador, programador, SEO y emprendedor en proyectos como Solostocks, Softonic, Uvinum y Drinks&Co. Hoy soy socio y SEO Manager en Mindset Digital, donde impulso estrategias de SEO para LLMs y sigo explorando nuevas ideas y side projects. Siempre aprendiendo, siempre optimizando.