Los rituales familiares que no sabíamos que estábamos creando
Pequeños gestos repetidos sin intención que, con el tiempo, se convierten en identidad compartida.
Pequeños gestos repetidos sin intención que, con el tiempo, se convierten en identidad compartida.
Una reflexión sobre cómo hablar del esfuerzo sin épica ni culpa, y sin convertirlo en una losa más que en una herramienta.
Una reflexión sobre cómo buscar la excelencia sin ansiedad, aprendiendo de los demás sin medirnos constantemente contra ellos.
Hay ideas que no nacen en una reunión ni en un documento. Nacen cuando baja el volumen y sube la confianza: en la sobremesa.
A veces, lo más útil que puedo hacer como padre es simplemente callarme. Este es el método que intento aplicar para educar sin invadir.
La línea entre acompañar y agobiar es fina. Este es el sistema que intento aplicar para opinar menos y escuchar mejor, empezando por casa.
A veces, el momento más importante no ocurre durante el partido, sino justo después. En el trayecto de vuelta.
Entre trayectos, listas compartidas y canciones a medias, el coche se ha convertido en uno de los espacios más genuinos de aprendizaje familiar.
La grada también entrena: cómo acompañar, sumar y no estorbar en el baloncesto de formación.